De tener tres trabajos encadenados, entre los que apenas le quedaba tiempo para ver a sus tres hijos, Vilma Rodríguez ha pasado a sufrir la recesión en sus carnes. El pasado julio sufrió un accidente en el restaurante en el que era cajera y tras coger la baja la despidieron en octubre. El dolor en la espalda le obligó también a dejar el bar en el que tenía un contrato de tres meses y la señora cuya casa limpiaba se ha ido a vivir con su hija.
“Ahora llevo dos meses intentando por todos los medios encontrar un trabajo y me está resultando imposible. No hay nada de nada, abres el periódico y solo encuentras anuncios de gente que busca lo mismo que tú”. Para esta mujer ecuatoriana de 46 años, acostumbrada a no parar en todo el día, y bregar con la vida, esta situación resulta desesperante: “Necesito un trabajo como el comer, me siento como un parásito, siempre he sido muy independiente”, se lamenta.


